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Domingo 17 de Febrero 2019

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Al buen entendedor

Juan José Rosales. Foto: Especial Foto Capital Media
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22 de Septiembre 2017
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Sorprende la coincidencia. Cada que hay un golpe o detención en contra de algún líder del crimen organizado en Michoacán, ocurre algún suceso violento en el cual están involucrados normalistas o moradores de casas de estudiantes. De forma fortuita (¿?), se pretende desviar la atención de algo importante para volver a caer en los cansados y repetitivos esquemas de golpes, bloqueos, tomas y todo lo que hacen los supuestos “estudiantes” para ganar espacios en los medios de comunicación y la atención de la opinión pública.

Esta “coincidencia” volvió a ocurrir la noche del miércoles 20 de septiembre, cuando se presentó una situación de emergencia en los municipios de Ario de Rosales y Salvador Escalante.

“Coincidentemente” a algunos líderes de casas de estudiante se les ocurrió expulsar violentamente a algunos moradores.

Las razones para que lo hicieran son importantes, pero en este momento no son trascendentes, lo revelador es que ocurrió en pleno centro histórico de la capital michoacana y provocó la movilización de unidades y elementos de la Policía de Michoacán.

¿Quiénes son los que encabezan las casas del estudiante? ¿Quiénes los apoyan? Algo es cierto, unos muchachos universitarios no podrían solos dejar de hacer o hacer lo que hacen; un velo de impunidad los cubre y alguien lo sostiene.

Datos proporcionados por la oficina de Asuntos Estudiantiles de la Universidad Michoacana afirman que en la Casa Nicolaíta están perfectamente identificados Antonio Lozano, José Moya y Noé Moya, que dicen ser respaldados por un profesor de la Facultad de Contabilidad, el famoso “Veracruz”, que es el fundador y mandamás de la Corriente Estudiantil Nicolaíta. En la Isaac Arriaga, los líderes de los beligerantes son Diego Vaca y Adán Valdés, que presumen el padrinazgo del líder del sindicato de empleados, Eduardo Tena. En la casa 2 de Octubre, quien impulsa a los violentos es “El Espagueti”, Daniel Villanueva, un chiapaneco que estudió en Veterinaria, apoyado por Manuel Albert López. Los personajes presumen a los cuatro vientos el respaldo de Raúl Morón y el partido político Morena.

La casa Lucio Cabañas es controlada por Gabriel Chamú, hermano de Félix Chamú, asesor de la diputada local Belinda Iturbide. Edgar Cruz y Rafael Alvarado colaboran con la legisladora y también son esbirros de los Chamú.

Las casas del estudiante no sólo significan control político, también amplios beneficios económicos. Es muy fácil usar de carne de cañón a jóvenes que “levantan” de comunidades alejadas de los estados de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Estado de México, entre otros, para justificar el presupuesto que reciben y sostener de manera ficticia la ilusión de la educación para el hijo del obrero y campesino.

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