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Miércoles 20 de Marzo 2019

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Al buen entendedor

Juan José Rosales. Foto: Especial Foto Capital Media
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09 de Octubre 2017
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Era un hombre feliz que dedicaba toda su energía al trabajo como presidente municipal de Paracho, tanto era su gusto y compromiso que sacrificaba parte de su vida familiar para dedicar más tiempo a los compromisos de la alcaldía. Se movía sin escoltas, no tenía vehículo blindado y todas las mañanas salía a correr, estaba seguro en su tierra. “Espero que la mayoría de la gente reconozca el trabajo y legado de mi esposo, su sacrificio y su muerte”, dijo Marisol Castro, esposa de Stalin Sánchez, durante las exequias.

Stalin Sánchez, padre de tres hijos de 13 y 9 años, y un bebé de apenas nueve meses de nacido, fue asesinado por un comando armado a las puertas de su hogar.

Las palabras de su esposa Marisol estuvieron cargadas de coraje, impotencia y decisión: “No somos perfectos ni monedita de oro, como él decía, pero esto no se vale, que hayan tenido que haber orquestado un hecho tan vil y cruel, asesinarlo sin piedad”. Paracho era un lugar tranquilo, “no había un solo indicio de secuestros, ni había grupos criminales pidiendo cuota; estaba limpio de corrupción y gente mala”, dijo la hoy viuda.

El duro golpe recibido pudo orillarla a lanzar su frustración y desesperación contra las autoridades, como muchos lo hacen, pero Marisol Castro fue prudente y espera que pronto sean detenidos los responsables. A eso se comprometió Silvano Aureoles, “acabamos de hablar personalmente con el gobernador y creo en su palabra”, expresó en el homenaje a su esposo. También pidió que no se vea a Stalin como un héroe, “quiero que lo vean y lo reconozcan como el amigo, el camarada que siempre estuvo ahí para muchos de ustedes”.

La presencia del gobernador fue una muestra clara de solidaridad y apoyo, una declaración de que la lucha contra los criminales no tendrá retroceso ni modificación. La familia de Stalin valoró esa compañía, no como una obligación política, sino como un gesto humano de Silvano Aureoles.

Encomendó a sus amigos que hoy tienen un cargo importante, pidió la maestra Marisol, “nos ayuden a investigar para que la muerte de Stalin no sea en vano, que no sea uno más en la lista de los asesinados en Michoacán”.

No adelantamos nada ni sugerimos líneas de investigación, que seguramente ya están en marcha, pero algo ocurre en Paracho; algo que se alcanza a entender cuando la esposa de Stalin gritó emocionada, “fuiste tan chingón, el más chingón de todos que nadie pudo contigo.

Sólo así te quitaron del camino”.

¿Quién quería a Stalin fuera del camino? ¿Deberá seguirse una línea de magnicidio político antes que hablar de crimen organizado?

Hay luto en Paracho, y en todo Michoacán, por lo ocurrido. Y lo que pasó debe ser esclarecido.

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