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Opinión / Al Buen Entendedor

El tino de Suárez Inda

Juan José Rosales Gallegos
Juan José Rosales Gallegos correo848485@correo.com
Hace 1 año
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 El 18 de mayo de 2013, los obispos de Michoacán lanzaron una Carta Pública como reacción a la grave crisis de inseguridad que se vivía en la entidad. Las cabezas de las Diócesis de Morelia, Tacámbaro, Zamora, Apatzingán y Lázaro Cárdenas, reconocían “la angustia de las víctimas de los secuestros, los asaltos y las extorsiones; las pérdidas de quienes han caído en las confrontaciones entre las bandas, que han muerto por el poder criminal de la delincuencia organizada, o han sido ejecutados con crueldad y frialdad inhumana”.

Presentar este documento fue una decisión audaz de los jerarcas católicos, oponiéndose al discurso oficial dirigido a minimizar la situación. Fue un texto sólido y frontal, replicado a nivel nacional, que provocó la descalificación del gobierno en turno.

En el documento se daba cuenta del contubernio perverso que existía entre políticos y delincuentes: “Hay un permanente sentimiento de indefensión y desesperación, y se añade el enojo y el miedo a causa de la complicidad, forzada o voluntaria, que se da entre algunas autoridades y la delincuencia organizada”.

El documento presentado hace más de tres años, no ha perdido vigencia, sus denuncias y reclamos siguen teniendo plena validez, “hay gran incertidumbre e impotencia entre los empresarios y trabajadores del campo y la ciudad ante la amenaza del eventual cierre, destrucción de negocios y centros de trabajo”, decían.

Se necesitó de mucho valor, de una voluntad a toda prueba, para levantar la voz en un momento tan complicado. Esa congruencia y determinación, la iniciativa para llamar a sus hermanos obispos, la tuvo Don Alberto Suárez Inda, siempre con el tino para actuar en el momento oportuno.

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